terça, 23 de setembro de 2014 - 07:19h

Para leer el mundo. El consumo de literatura en los niños cubanos

Para leer el mundo. El consumo de literatura en los niños cubanos
 
Por: Anette María Jiménez Marata
Filóloga e Pesquisadora.
Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello

El libro, a lo largo de la historia de la humanidad, ha sido un importante vehículo generador, difusor y transmisor de cultura, y ha fungido también como testigo y reservorio de los principales hechos y acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales del mundo. Cuando se trata de niños, la relevancia de este bien cultural crece en tanto son los libros una puerta que los acerca no sólo a la exploración de su realidad sino también al autoconocimiento, en la construcción de su propia subjetividad e identidad.

En Cuba, desde el propio triunfo de la Revolución, se apoyó y estimuló la creación de obras literarias dirigidas a los niños y jóvenes, así como la labor de formación y capacitación de promotores culturales, bibliotecarios, pedagogos, narradores orales y otros especialistas responsables, en gran medida, de la creación y desarrollo del hábito de la lectura en los niños y jóvenes.

Como parte del impulso estatal que recibió la Literatura Infanto-juvenil desde los primeros años de la Revolución, puede mencionarse el reconocimiento y la valoración de sus creadores, teóricos y críticos. Aún hoy esta serie literaria es considerada, por algunas personas, como un género menor pero en comparación con la cantidad y calidad de los textos existentes antes de 1959 1, actualmente la literatura para niños y jóvenes es tomada en cuenta como parte importante del corpus amplio y diverso que es la Literatura Cubana, y está incluida en los principales eventos y premios literarios a nivel provincial y nacional.

A pesar de la existencia de editoriales e instituciones especializadas  en la creación, adaptación y difusión de lo mejor de la tradición literaria clásica y contemporánea, nacional y extranjera, dirigida a los niños y jóvenes (por ejemplo: las editoriales Gente Nueva, Abril, Capitán San Luis, Unión), de la presencia de publicaciones periódicas que integran la instrucción con el entretenimiento (como Bijirita, Zunzún y Somos Jóvenes) y del desarrollo de actividades de extensión, que se realizan en la red de bibliotecas y Casas de Cultura del país de modo abierto y sistemático (como La hora del cuento y los talleres literarios), muchas veces los niños y jóvenes tienen un pobre y reducido hábito de lectura y en muchas ocasiones los textos que leen, amén de los estrictamente comprendidos en los programas de estudio escolares, no son los más apropiados, desde el punto vista estético y pedagógico ni de acuerdo con el nivel intelectual del lector.
El hábito de la lectura se forma desde los primeros años de vida y a través de la influencia de diversos agentes sociales como la escuela, la familia, la comunidad, entre otros. El fomento y creación de competencias literarias en los niños resulta una tarea harto compleja en tanto son los adultos (padres, abuelos, maestros, promotores culturales) quienes fungen como mediadores entre el receptor y la obra literaria: es la familia, en primera instancia, quien elige y adquiere el libro que luego obsequiará y/o leerá (en el caso del lector preescolar) al niño, por tanto, los textos seleccionados están sujetos a sus gustos estéticos y a lo que, de modo muy particular, conciben como “correcto” y “apropiado”.

Para Chávez Méndez, investigadora del tema en México:

Si de verdad interesa que el sujeto se acerque a los libros, necesitamos romper con las estructuras de un sistema obligatorio que compensa con muy poco disfrute los deberes. En ese sentido, los libros se perciben más como artículos de rechazo, de miedo, de flojera y hasta de aburrimiento que como objetos de deseo, situación que acarrea un enorme distanciamiento hacia estos por parte del sujeto. Esto mismo garantiza una falta de hábito incorporado desde el nicho familiar.  2

Estudiar  el consumo de literatura de los niños contribuirá a conocer mejor sus gustos, intereses y preferencias, lo cual podrá servir de referencia para el desarrollo e implementación de políticas educativas, sociales y culturales que se ajusten y satisfagan las preferencias y necesidades de este grupo poblacional y permitan que la lectura gane en importancia y la literatura, frente a la televisión, el cine y los juegos electrónicos,  pase a un lugar primario entre las formas de recreación del individuo. La lectura constituye una vía de conocimiento e interrelación del individuo con su medio, una forma de construcción e interpretación de su realidad que adquiere  tantas significaciones como subjetividades existan. El acto de leer (con sus múltiples realizaciones individuales y colectivas) representa una fuente de acceso a la cultura nacional y universal y, como tal, es un relevante elemento de promoción y condicionamiento del desarrollo social.

En los últimos años, con especial énfasis, Cuba ha desarrollado una gran campaña a favor de la lectura, que se ha traducido en diversas actividades educativo-recreativas de alcance provincial y nacional, como La noche de los libros (julio de 2008), Lecturas frente al mar (septiembre de 2008), Leer la historia (22-26 de diciembre de 2008),  conciertos de trova y poesía y las publicaciones de nuevos boletines y tabloides dirigidas a distintos sectores de la población. Por lo general  son  acciones macrosociales que abarcan pero no profundizan en las peculiaridades locales cuyas complejas realidades quedan, muchas veces, fuera de los amplios programas, por lo que se hace necesario implementar estrategias que consigan armonizar los intereses y necesidades nacionales y locales.
El presente estudio aporta elementos para la reflexión sobre las características y factores presentes en el consumo de literatura de los niños de hoy, y específicamente permite analizar e interpretar cómo se comporta este fenómeno en un espacio geográfico determinado, a saber, el barrio de Cayo Hueso, por lo cual será de utilidad para las decisiones que, en este sentido, se tomen en el área.

En la sociedad informatizada de hoy se hace indispensable, al decir de Llorach, 3 mirar por la ventana y no exclusivamente a través de la televisión, observar lo que está  próximo a nosotros, aunque a veces no reparemos en ello: la familia, los vecinos, los compañeros de trabajo, el barrio.

Según este autor: 
La riqueza de un barrio radica –como en la nación– en las cualidades integrales de su gente: en sus formas de pensar, actuar, soñar, preferir, ser: en su cultura, base indispensable de cualquier proyecto de desarrollo colectivo. (…)
Ante la globalización de las economías aumenta la necesidad de fortalecer o revitalizar las identidades de cada comunidad, país y región, puesto que el desarrollo es un proceso integral, multidimensional y dialéctico que puede diferir de sociedad en sociedad.
Cada comunidad debe delinear su propia estrategia hacia el desarrollo (basada en su propio ecosistema y en su cultura, sin imitaciones ciegas de los programas y estrategias de otras comunidades diferentes, histórica y culturalmente) aunque entroncada en el árbol nacional y en el bosque internacional.  4
La presente investigación se centra en los destinatarios de la cultura, específicamente los niños de sexto grado, y su relación con la lectura y analiza el papel desempeñado por la familia y la escuela como agentes mediadores en este proceso.
El estudio contribuye también a conocer mejor la realidad del barrio, condición sine qua non para la labor de transformación social que el Taller de Transformación Integral  de Cayo Hueso desarrolla en el barrio. Conocer los comportamientos, necesidades y deseos de los consumidores contribuirá a lograr una mayor democratización de la cultura.
La investigación representa una clave potencial de otros estudios que, focalizados en los niños, indaguen en el consumo cultural, vinculado o no con proyectos culturales comunitarios. En sentido general, se arrojan luces a la comprensión entre cultura y sociedad, un tema de alta relevancia y vigencia no sólo en el ámbito académico sino también en la esfera práctica, política y de transformación social.
El barrio de Cayo Hueso ocupa una extensión de 0.81 km², con 39 000 habitantes. Está ubicado en el noroeste del municipio de Centro Habana, limita al norte con el Malecón habanero, al sur con la calle Zanja, al este con la calle Belascoaín, y al oeste con la Calzada de Infanta.
Tiene una ubicación geográfica muy central dentro de la ciudad y gran riqueza cultural e histórica, que lo hacen muy apreciado por sus habitantes y muy transitado por turistas y pobladores de otros barrios de la capital. Cuenta con una población de más de nueve mil niños.

Niños y literatura: ¿binomio imperfecto?
El proceso de diagnóstico de la investigación arrojó, en sentido general, que los niños valoran la lectura como algo importante y necesario en sus vidas y la asocian a ideas y calificativos como los siguientes: interesante, linda, esencial, instructiva, refrescante, medio de aprendizaje y enseñanza.
Entre los lugares y/o horarios en los cuales reconocieron leer con frecuencia pueden citarse: la casa, la escuela, la litera, la biblioteca,  el tiempo libre, las vacaciones y los fines de semana.
No obstante, la inmensa mayoría de los niños demostraron pobreza de lecturas desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo. La Edad de Oro constituyó el texto más citado, amén de que fueron mencionados, como libros, diversos relatos o poemas de la propia revista, por ejemplo: “Bebé y el señor don Pomposo”, “Los zapaticos de rosa” y “Meñique”. Minoritarios fueron los casos que citaron otros volúmenes como Cartas desde la selva, Alicia en el país de las maravillas y El principito.
 Ante la consigna de “Mi divertí mucho cuando”, que debía ser completada por los alumnos de sexto grado, no se observó ningún caso en el que fuera identificada la función lúdica del libro. El esparcimiento se asociaba, en la mayoría de los criterios, a acciones y actividades propias de espacios exteriores, como salir a pasear, ir al parque Lenin, a la playa o algún museo, conocer nuevos amigos, ir a una piscina o jugar a las bolas y a la pelota en la calle.
Por el contrario, las valoraciones acerca de la computadora sí mostraron un especial énfasis en las posibilidades de recreo y esparcimiento de este medio tecnológico. En esta sentido existió una tendencia a identificarla con el juego y la diversión, mientras que sólo fueron casos puntuales los que la describieron como “un aparato especial para documentarnos” o “una máquina que guarda muchas informaciones”.
La gran influencia de los medios audiovisuales se vio reflejada, de modo muy marcado, en las distintas respuestas de los niños ante la incógnita de decir cuál era su personaje y su libro favoritos. En cuanto a los textos reiteraron algunos de los pertenecientes a La Edad de Oro y que son estudiados y mencionados frecuentemente en las clases, como “El camarón encantado”, “La muñeca negra” o “Meñique”, además de otros títulos que eran citados constantemente en los talleres, a saber, Corazón, El principito, Alicia en el país de las maravillas, Mujercitas o Elpidio Valdés.
Entre sus personajes predilectos fueron escasísimos los pertenecientes a la literatura cubana o internacional y sí notablemente frecuentes los extraídos del universo audiovisual, cinematográfico o televisivo. La generalidad de las figuras citadas fueron Pocahontas, Charles Chaplin, Mikey Mouse, Antonio Banderas, Las Brats, Mente Pollo, La sirenita Ariel, Spiderman, El rey León, entre otras.
El acto de leer representa una práctica aceptada y bien valorada socialmente. En este sentido los alumnos de sexto grado apuntaron que en sus respectivas casas los libros “son las cosas más importantes”, “son los mejores amigos”, “resultan muy interesantes”, “se guardan con mucho cariño”, “están siempre a la mano” y “son un gran tesoro”. Ninguno describió una experiencia negativa o poco agradable, a pesar de que, como se verá más adelante, varias de las entrevistas a las familias proyectaron aristas opuestas de este fenómeno.
Las motivaciones por las cuales confesaron leer se ubican en el ámbito del gusto y la necesidad de aprendizaje. En la mayoría de los argumentos refirieron un gran gusto por los libros pues mediante ellos podían recrear su mente, aprender cosas nuevas e interactuar con fenómenos de su propia vida.
La influencia del grupo incide, de forma significativa, en los títulos, temas y formatos preferidos para leer. Así se observó que, por ejemplo, un libro destinado al lector joven o adulto, como Lil, de los ojos color del tiempo, gozaba de gran popularidad entre las niñas del aula, a partir de las recomendaciones de algunas de ellas que ya lo habían leído y se lo recomendaban, con mucha insistencia,  a sus amigas. De forma análoga otro volumen pasaba de mano en mano, sin que fueran necesarias las reiterativas orientaciones de la maestra. El texto que despertaba el interés en todos los estudiantes, sin excepción de ninguno, era sobre los cambios propios de la pubertad y su relación con la sexualidad, de lo que se infiere la relevancia que posee esta  temática en estas edades.
El deleite por los libros se vio proyectado en las diferentes metáforas que los niños emplearon para definirlo: si tuvieran un rostro fuera  el de José Martí, el Che, sus hermanos o de su personaje favorito; si poseyeran un sabor este sería de chocolate, vainilla, fresa o el de la enseñanza y el conocimiento; y si presentaran un olor característico sería el de chocolate, pollo frito, cerdo o el olor de la fantasía. En estas técnicas de libre expresión no hubo ninguna comparación con olores o sabores desagradables.
La aceptación y la regularidad en el hábito de lectura mostrada en las primeras técnicas de trabajo en grupo difieren de los resultados arrojados por los registros de actividades desarrolladas durante los fines de semana, en los cuales fueron muy aislados los ejemplos de acciones cotidianas vinculadas con el libro o la literatura. Entre las disímiles formas de ocupar el tiempo libre predominaron: las visitas familiares o a casa de los amigos,  las salidas al Coppelia, al cine, al circo, a una piscina, al parque Lenin, al Malecón, a una fiesta, a la playa, al barrio chino, la permanencia en la casa para ayudar en las tareas domésticas, escuchar música, ver películas o poder jugar en la computadora. Numéricamente menor son otro tipo de actividades como realizar las tareas de la escuela, asistir a clases de pintura, guitarra o piano o ir a la feria del libro, pese a que una parte de la investigación coincidió con las fechas de desarrollo de este importante evento cultural.
Entre las actividades deseadas o soñadas por los niños para los próximos fines de semana ocuparon un lugar preponderante aquellas referidas a salidas o paseos a espacios exteriores al ámbito hogareño, como ir a la piscina del hotel Riviera, al barrio chino, a un parque de diversiones, a la playa, a la calle Paula, al Coppelia, montar bicicleta y patines, viajar a una isla donde nadie obligue a estudiar y donde poder jugar con la computadora, asistir a la casa de los abuelos y primos,  comer con la familia fuera de la casa o quedarse a descansar en ella.
En mucha menor cuantía estuvieron los anhelos individuales de ir a la feria de libro, permanecer leyendo novelas en casa o comprar libros de historietas que los divirtieran o textos interesantes que incrementaran la inteligencia de sus lectores.
Los niños también evaluaron los formatos, géneros y temas que más preferían y aquellos que desdeñaban. A partir de sus criterios, el medio favorito por el cual quisieran que les relataran las historias es la computadora, mientras que  los menos gustados son el teatro, las revistas y los periódicos. Aquí es necesario precisar que los entrevistados, en su mayoría,  demostraron desconocer las publicaciones periódicas destinadas al nivel primario, tales como Zunzún y Pionero, lo cual puede deberse a la lamentable escasez de fondos de la biblioteca (aspecto que será abordado más adelante) de la escuela que debería paliar la ausencia que sufren estas publicaciones en los estanquillos y librerías de la ciudad. Los libros, por su parte, recibieron, en esta escala de preferencias, una evaluación de regular, es decir, ni de absoluto gusto ni de total rechazo. Este resultado diverge, en cierta medida, de la atracción expresada en técnicas grupales anteriores pero puede explicarse a partir de la comparación lamentablemente desventajosa con la computadora: al ser evaluado él solo, el libro ocupa altos niveles de predilección que se ven diminuidos, en la generalidad de los casos, al competir con la experiencia audiovisual que ofrece una computadora.
En cuanto a los géneros literarios la novela fue la elegida por la mayoría de las niñas, por el contrario los varones prefirieron, casi unánimemente, la poesía, mientras que un grupo menor de ellos expresó inclinarse más por el cuento. La predilección por el género poético estuvo basada, según los propios niños, en su gusto por la música y la rima. El teatro, en este sentido, quedó desierto. Llama la atención que en el apartado “Otros géneros” fue mencionado, en reiteradas ocasiones, El padrino, referido tanto al libro, como a la película y al juego electrónico.
Las temáticas más atrayentes para ellos son las siguientes: aventura, romántico, naturaleza, detectives, historietas, fantasía y científico-técnica. Al pedírseles que apuntaran otras no señaladas, los niños refirieron temas que hablan, por sí solos, del alto impacto que tienen en ellos los medios audiovisuales, a saber, mafia, ciencia ficción, terror, acción, historia universal, Segunda Guerra Mundial, informático, películas, shows y nintendos y, en menor medida, apuntaron el teatro.
Los temas que recibieron más aprobación tanto en niñas como en varones, fueron la historieta, la fantasía y la aventura. Por su parte los textos científicos, en su gran mayoría, fueron preferidos por los varones.
Entre los elementos que más le llaman la atención en un libro la mayoría señaló el tamaño del volumen (tanto los libros muy grandes como los pequeñísimos que venden las editoriales extranjeras durante la feria del libro) y las ilustraciones de la cubierta y del interior del texto.
La cantidad de páginas, el tipo de papel, la calidad de la encuadernación, el nombre del autor, la temática o la editorial responsable de la publicación constituyeron índices frente a los cuales los niños no mostraron curiosidad ni interés.
Por su parte el componente menos importante para ellos, a la hora de elegir un libro, fue el precio, lo cual responde obviamente a la dependencia económica de los niños frente a los adultos quienes sí emitieron, como se verá más adelante,  diversos criterios sobre el asunto. No obstante, con frecuencia los estudiantes se quejaban del precio de los textos en las ferias internacionales del libro, fundamentalmente aquellos expendidos en moneda libremente convertible. Ello puede deberse a una reproducción mimética de la opinión de los padres y el resto de los familiares sobre este aspecto.

Mediación escolar: debe placer, place deber
El papel de la escuela como mediación en este proceso es muy relevante en tanto es una institución formadora y orientadora, desde el punto de vista cognoscitivo y axiológico, de gustos, preferencias, patrones y significados. En ella los niños pasan la mayor parte del día (lo cual acentúa su influencia) y constituye una de los espacios sociales más calificados para democratizar la cultura y el saber. De acuerdo con Duarte:

En la formación de las jóvenes generaciones, les caben mayores o menores márgenes de responsabilidad a otras instituciones, pero aquí tratamos del lector y de la necesidad de prepararlo para ejercer actos de interpretación significativos que les permitan comprender el mundo. Esos saberes y competencias deben estar garantizados por la escuela. Es ella quien alfabetiza y, por lo tanto, la responsable legítima de enseñar a leer, lo cual es mucho más que decodificar. 6

La biblioteca escolar representa un eslabón esencial en la creación y consolidación del hábito de lectura que debe recibir, en este espacio escolar, el impulso y desarrollo que quizás no puede infundirle el hogar.
En este sentido el estado actual de la biblioteca de la escuela primaria Raquel Pérez es lamentablemente deplorable. Entre la cantidad de títulos existentes constituyen una minoría los destinados a niños y jóvenes que se resumen concretamente a los siguientes títulos: El nuevo Gulliver, Los hijos del capitán Grant, La isla del tesoro, El príncipe y el mendigo, Los tres mosqueteros, Cuentos del bosque frondoso, Aventuras de Tom Sawyer, La marca del zorro, Los piratas de la Malasia, La isla misteriosa, Alicia en el país de las maravillas, Aventuras de Cecilín y Coti y Robin Hood.
Por el contrario, la inmensa cantidad de libros restantes no sólo están dirigidos al lector adulto sino que, por si fuera poco, están destinados a un lector especializado, tal y como lo demuestran los siguientes títulos: Obras escogidas, de Vladimir I. Lenin, Introducción al marxismo, Como lo pienso, lo digo de Eduardo Robreño, Fundamentos del materialismo dialéctico, Prosas en ajiaco, de Héctor Zumbado, Física y Química, Problemas de la estética, Metalografía y tratamiento térmico de los metales, La familia de León Roch, de Benito Pérez Galdós, Cecilia Valdés, Mi tío el empleado, de Ramón Meza, entre otros.
Pero, ¿Por qué la biblioteca escolar sufre esta imperdonable carencia de libros para niños? ¿Dónde está la vasta producción anual de las editoriales Gente Nueva, Abril, Unión, Capitán San Luis?
Este panorama tiene su causa esencial en la ausencia de mecanismos institucionales que garanticen el envío o la venta de fondos bibliográficos desde el Instituto Cubano del Libro (ICL) hasta las distintas bibliotecas escolares.
En opinión de María Mederos, directora del Programa Nacional de Lectura (PNL):
Realmente las bibliotecas escolares están muy deprimidas en cuanto al abastecimiento de libros nuevos. Los últimos libros que tienen son de aproximadamente principios de los noventa, libros actuales no hay, no existen.  Uno de los principios de la feria es vender libros para la población, no para las instituciones, lo cual me parece bien por un lado pero ilógico desde otro punto de vista porque no todo el mundo compra libros, y sí una gran parte de la población saca o consulta libros en las bibliotecas. 7
Esto se hace más agudo en el caso de los niños que dependen de un adulto que los lleve a la feria y para algunos es mucho más fácil leerlos o pedirlos prestados en la biblioteca escolar. Si no existen  estos mecanismos, por parte del MINED ni del MINCULT, ¿qué sucede entonces con los niños a quienes sus familiares no les compran libros?
El PNL fue creado desde el punto de vista estructural, con Resolución Ministerial, en el año 1998 pero tiene antecedentes muy importantes en Cuba que van desde la Campaña de Alfabetización, a inicios del triunfo de la Revolución que dio la posibilidad de que todas las personas supieran leer y escribir, las campañas por el sexto y el noveno grado, los planes de superación y beca, y poco después de haberse realizado la Campaña de Alfabetización,  la primera campaña de promoción de la lectura, desarrollada por Raúl Ferrer quien involucró en su acción a muchas instituciones sociales. No obstante,  Salvador Bueno ya había trabajando el tema de la promoción de la lectura a través de las bibliotecas populares desde el inicio de la Revolución.  Pero es partir de 1998 que se logra el PNL no como campaña sino como programa estructurado y sistemático a lo largo de los años.
El PNL, a partir de su documento programático, pone especial énfasis en las actividades destinadas a niños y jóvenes, aunque desarrolla acciones dirigidas a toda la población. Para fomentar y diversificar en aquellos el hábito de la lectura desempeña sus funciones a partir de los centros escolares fundamentalmente pues, a juicio de Mederos, “las escuelas representan el caldo de cultivo del tema de la lectura” 8.   Sin embargo, también está estructurado en torno a las bibliotecas públicas, con salas destinadas a las diferentes edades y, de modo general, trata de involucrar instituciones culturales como las librerías, los museos, entre otras.
Otro de sus principios rectores es la horizontalidad en la intervención, desde la cual se trazan directrices generales y cada localidad y organización diseña y realiza sus acciones a partir de sus propias características y funcionamiento interno, y realizando para ello las coordinaciones necesarias con las entidades que lo requieran.
En el caso específico de Cayo Hueso, existen determinadas condicionantes que dificultan el proceso de promoción de la lectura en la comunidad. Amén de la crítica situación del fondo bibliográfico perteneciente a la biblioteca escolar (la investigación reveló que estos textos fueron donados por una vecina del barrio), no existe una biblioteca pública que pueda suplir las funciones del recinto escolar.
La biblioteca pública de Cayo Hueso se encuentra cerrada, por el deterioro de la edificación, desde 1997 y a partir del año 2001 cuenta con una pequeña sala de lectura, enclavada en la Dirección Municipal de Cultura, ubicada en Sitios entre Rayo y Ángeles, Centro Habana.
En opinión de las bibliotecarias de este lugar:
Desde 1997 nuestra biblioteca estuvo radicando en varios sitios de Cayo Hueso: en un local que ahora se ha convertido en un gimnasio, en el Taller de Transformación Integral del Barrio, en la Casa del Niño y la Niña, hasta que en el 2001 nos ubicaron en la calle Sitios pero aquí no tenemos condiciones para trabajar. En la salita de lectura contamos sólo con una mesa y seis sillas donde apenas podemos trabajar con los niños, sin contar  que ha disminuido mucho la visita de alumnos de Cayo Hueso debido fundamentalmente a la lejanía de su zona de estudio y vivienda. Al estar enclavada la biblioteca pública fuera de Cayo Hueso, dependemos de que los maestros o las bibliotecarias traigan a los alumnos aquí, y eso, por el propio horario de las sesiones escolares, casi nunca sucede. Sin contar que si lográramos tener aquí un grupo de veinte niños, tampoco cabría en esta salita que cuenta sólo con seis sillas. Frente a esta situación, realizamos, una vez a la semana,  visitas a las  escuelas más cercanas y a las restantes (entre las que se encuentran las de Cayo Hueso) vamos una vez al mes.

Además de la carencia de mecanismos institucionales que garanticen le renovación del fondo bibliográfico, se padece la inestabilidad y poca motivación del personal que labora en las bibliotecas escolares que, en su mayoría, son estudiantes de Bibliotecología o recién graduados que, a los pocos años, abandonan su plaza para fungir como maestros o laborar en otros ministerios.
Los criterios de los niños en torno al laboratorio de computación fueron muy positivos. Las computadoras se identificaban con los juegos y la diversión y, en contadas ocasiones, con el aprendizaje.
A partir del análisis de contenido de los diferentes softwares de la escuela vinculados con la lectura (por ejemplo El secreto de la lectura y Jugando con las palabras) se pudo comprobar, una vez más, la escasa diversidad de los textos de Martí seleccionados para el trabajo en clase, a partir de los cuales vuelven a aparecer las manidas figuras de Meñique, Bebé, Nené, Pilar, el camarón encantado, entre otras. Aunque también se incluyen obras de otros destacados autores nacionales y foráneos (por ejemplo, Dulce María Loynaz, Federico García Lorca, Excilia Saldaña, Nicolás Guillén), el diseño del juego es aún demasiado didáctico, lo cual lo hace poco atractivo a los ojos de los niños.
La escasa motivación y la falta de sentido de pertenencia del profesor de computación se traducen en sesiones poco amenas, reflejo del descontento del propio maestro con los planes de clases que debe impartir:
Yo personalmente no estoy de acuerdo con el plan de clases porque es demasiado pobre. Los niños de quinto grado reciben lo mismo que los de sexto (los planes de clases son casi idénticos). Y si aquí ellos se aburren, imagínate que al llegar a la secundaria, van a recibir otra vez, los programas Word y Power Point. Si yo fuera quien estructurara eso, yo daría Power Point en quinto y quizás en sexto, pero en la secundaria daría cosas nuevas. ¿Tú sabes la cantidad de cosas que los alumnos quieren conocer? Así como están los programas se están desperdiciando tiempo y recursos. Además, en mi opinión, hay que mejorar las condiciones  materiales de los laboratorios de computación y actualizar los softwares educativos que ya llevan seis años de creados.  9
La insuficiencia material y técnica de esta biblioteca pudiera paliarse con el apoyo o la interrelación con otros espacios comunitarios que también desarrollan acciones en torno a la promoción de la lectura como El Taller de Transformación Integral del Barrio o la Casa del Niño y la Niña, pero no existen ni lazos de coordinación entre las diferentes instituciones ni conocimiento, por parte de la biblioteca escolar, de las estrategias emprendidas por otros centros de la localidad.
Las sesiones de bibliotecas dirigidas a los estudiantes de sexto grado poseen dos frecuencias semanales de cuarenta y cinco minutos cada una. Sin embargo, la bibliotecaria debe multiplicar estas sesiones no precisamente para promocionar hábitos de lectura:
Sexto grado, al igual que quinto, tiene dos frecuencias semanales: martes y jueves, de cuarenta y cinco minutos cada turno, pero además de eso, como en la escuela hay tan pocas auxiliares pedagógicas, cada vez que falta un maestro o hay algún problema, mandan a los grupos para la biblioteca. La biblioteca rellena los vacíos del horario y en ninguna parte está escrito que yo, como bibliotecaria, debo tener esa función.  10
Este mismo criterio lo tienen las especialistas de la Dirección Municipal de Cultura de Centro Habana quienes se lamentan de que:
Los bibliotecarios son muy subvalorados por parte de los maestros y los directores de escuelas. Los maestros tienen un día a la semana de capacitación, mientras que el día de capacitación de los bibliotecarios  es el sábado, con lo cual estamos obligados a cuidar a los niños mientras el maestro se capacita. Eso, por una parte, afecta el sentido de identificación del bibliotecario que no recibe remuneración por esa labor, y por otra parte, hace que el niño rechace el espacio de la biblioteca pues estas situaciones imprevistas impiden que haya una planificación en las acciones destinadas a ellos.
Ciertamente durante el proceso de investigación se observó cómo, cada vez que se ausentaba un maestro o sucedía algo inesperado, se trasladaban a los niños a la biblioteca, lo cual generaba descontento tanto en los alumnos que veían en  la biblioteca  un “rellenahuecos” como en la bibliotecaria que llegaba a identificar esos turnos como una carga muy pesada de llevar.
Una de las dinámicas grupales desarrolladas con los niños más interesantes fue, sin dudas, la referida al estado actual de la biblioteca de su escuela. En el ejercicio participativo ellos debían imaginar que eran magos con poderes infinitos para quitar o agregar lo que consideraran necesario en la biblioteca. Sus sabias sugerencias van desde las soluciones más prácticas hasta las más fantasiosas, típicas de esa edad:

-    pondrían libros nuevos
-    quitarían los libros viejos que nadie lee
-    pondrían libros de poesía
-    pintarían las paredes con colores alegres
-    cambiaría la pizarra por una nueva
-    pondría un televisor
-    llenarían de magia la biblioteca
-    traerían una bibliotecaria joven y otra mayor que le transmitiera experiencias
-    pondrían música
-    cambiarían las ventanas
-    pondrían aire acondicionado
-    repartirían merienda
-    harían juegos con los libros
-    construirían una piscina
-    darían helado a medida que van leyendo

Las bibliotecas escolares, a juicio de Adrián Guerra, connotado bibliotecario y animador de lectura para niños y jóvenes:
Son la trinchera fundamental donde se aprende a amar los libros. Sus funciones hoy son las mismas que han tenido siempre y que el Estado cubano les atribuye: que todos los niños, independientemente de las condiciones más o menos favorables de su hogar, reciban las mismas oportunidades.
Ellas deben fertilizar la imaginación, motivar su interés por los libros y la lectura, mostrarles a los niños una ventana bien amplia del mundo, justamente en el lugar (la escuela) donde aprenden a leer y donde se fortalecen los patrones de identidad nacional. En las bibliotecas escolares es donde se aprende a ser cubano, donde se enseña a pensar y donde se pone el parche en el agujero que ha dejado el aula. 11
Con todas estas condicionantes sociales y frente a la avalancha tecnológica y audiovisual a la que están expuestos los niños: ¿Qué desafíos enfrentan entonces los actuales promotores y animadores de lectura? Para Guerra, a partir de su gran experiencia en la Biblioteca Nacional José Martí y en la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena:
El reto hoy es más grande. Nosotros, los bibliotecarios y animadores de lectura, no estamos luchando contra la ausencia de promoción de lectura en el hogar, ni con la carencia de un maestro promotor (como podía ser antes). Ahora el asunto es diferente, el reto es mayor y adquiere dimensiones que debieran apreciarse en los hogares, pero todavía estamos muy lejos de eso. Estoy hablando de las computadoras, con las cuales muchos creyeron que los niños aprenderían más…y no fue así.
Actualmente en el mundo los mejores cibernéticos y especialistas están dedicando horas y horas a construir juegos electrónicos más y más potentes de los cuales los niños no puedan desprenderse. Los hay muy agresivos, e incluso los menos agresivos nos están robando el tiempo de los niños. Y eso es terrible porque la vida no es más que tiempo.
Los juegos que se diseñan hoy no están hechos para ver cuál de ellos enseña más, cuál de ellos hace pensar más a los niños sino todo lo contrario: para volverlos más violentos, más miméticos y más adictos a estar sentados delante de una pantalla sin generar una idea.
Nuestros hijos serán lo que ellos hagan con su tiempo. Los juegos electrónicos son como el flautista de Hamelin que te hace caer por el abismo de la pérdida de tiempo.
El conflicto que tenemos hoy los animadores de lectura es como el que tenía David contra Goliat: lo que tenemos nosotros es una honda comparado con lo que las grandes transnacionales productoras de juegos poseen. Pero no nos rendimos: el libro es más poderoso. La meta de David sigue siendo la misma. 12
Mediaciones familiares: de las palabras a los hechos
En el logro de esta meta la familia desempeña un rol esencial, a partir de la insoslayable función educativa que ella tiene. A través de sus normas y valores se potencia el desarrollo de la personalidad de sus miembros, actúa como agente creador, mediador y transmisor de intereses culturales e interviene, de modo preponderante, en la atribución de valores culturales y espirituales.
Las entrevistas a las distintas familias de los alumnos de sexto grado develaron a los padres y abuelos como los agentes de mayor influencia en los hábitos de lectura de los niños.
La mayoría de los interrogados expresaron su gusto por la lectura, aunque una minoría admitió que no lo hacían con mucha frecuencia por falta de tiempo. Entre las temáticas más buscadas por ellos estuvieron: policíaco, amor, psicología, educación, ciencia ficción, historia, libros sobre sus profesiones, o “cualquier cosa que les caiga en las manos”. Los géneros preferidos fueron la novela, en primer término, el cuento y la poesía, en menor grado.
Muy pocos padres pudieron citar alguno de sus autores predilectos y fueron escasos también los que aludieron a sus lecturas durante la infancia (entre los que lo hicieron citaron a Julio Verne, Emilio Salgari y las novelas de amor como los más recordados).
Como parte de los textos que habitualmente les recomiendan a sus hijos se destacan: Corazón, Simbad, el marino, el libro de texto de español, ciencias naturales o historia, y aventuras,  Muy reducidos fueron los casos de familias que  les sugerían a los niños poesía o textos a partir de los cuales pudieran contrastar las historias vistas a través de películas o programas televisivos.
Entre los espacios donde frecuentemente los padres compran libros para sus hijos sobresalieron: la feria del libro en primer término, las librerías cercanas a la casa, como por ejemplo, la Lezama Lima en la calle Zanja y Hospital o la de 25 y O, en el Vedado. Hubo familias que admitieron no tener un espacio habitual para la adquisición de libros que eran comprados de manera casual, durante alguna salida o paseo. Algunos padres, cuyas profesiones están vinculadas con el ámbito del libro y la literatura, reconocieron, como una de las principales fuentes de acceso al libro, los regalos hechos por las amistades y fueron excepcionales los casos que refirieron no comprar nunca libros.
Con respecto al precio de los volúmenes hubo muchos criterios, aunque la generalidad aludió a  la imposibilidad de adquirir los atractivos libros en moneda libremente convertible. En este sentido argumentaron que gran parte de los títulos más llamativos desde el punto de vista visual y temático se vendían a un precio inalcanzable para los trabajadores que sólo viven de su salario, situación que se agudiza si se tiene más de un hijo.
Sólo una pequeña parte de los entrevistados reconoció su disposición de comprar textos caros si el tema lo ameritaba, conducta que se refleja en el siguiente criterio:
Yo realmente en la feria de este año compré varios libros caros (18, 20 y 25 pesos) pero eran lecturas necesarias que nos interesaban. Cuando la lectura interesa, no me importa dar 18 o 20 pesos por el libro. Lo más importante es el conocimiento que uno adquiere en el libro, no el precio que tenga. Pero hay libros que son realmente caros…y te estoy hablando sólo de los que se venden en moneda nacional: los de divisa ¡ni hablar! porque es terrible la divisa. En todas las ferias es eso: tengo que comprar libros en moneda nacional y en divisa porque ¿qué voy a hacer?  13
Curiosamente la única madre que se mostró satisfecha con los precios de los libros y que, según sus palabras, “no siente todavía sobre su bolsillo el peso del encarecimiento de los textos”, es también la única que confesó no haber tenido nunca tiempo para llevar a su hija a la feria internacional del libro.
Los espacios  en los que, al decir de sus padres, los niños prefieren leer cuando están en casa fueron principalmente la habitación donde duermen y en los horarios de las tardes, las noches y los fines de semana.
Entre el libro, la computadora, el cine y la televisión un grupo importante de padres refirió que sus hijos preferían jugar en la computadora (aunque la mayoría no tiene máquinas en sus casas pero utilizan las de los amigos o asisten al Joven Club). El resto de las familias señaló que sus niños no tienen una preferencia determinada sobre alguno de estos medios sino que los van alternando según tengan más o menos interés. Así leen, juegan en la computadora, van al cine de la localidad y ven televisión.
De todos modos cabría preguntarse si aquellos niños que sólo emplean su tiempo libre frente a una computadora han tenido alguna vez un libro que realmente capte su atención. En este sentido se observó el caso de un niño con una pasión desenfrenada por la computadora y que, al recibir como regalo un libro para adolescentes titulado Todo sobre el sexo para adolescentes, se lo leyó en una semana, en la cual, para asombro de su familia, no quiso saber de la Encarta ni de juegos electrónicos. Esta experiencia subraya la necesaria labor de familiares, promotores, maestros, editores y animadores de lectura en el arduo camino de conocer los verdaderos intereses y motivaciones de los lectores. Al respecto opinó Adrián Guerra:
El animador de lectura es algo diferente a los promotores porque con montar un exposición  con algunos libros que hayamos seleccionado, ya estamos promocionando, pero el animador es el que interactúa contigo, el que no te deja caer, que te orienta de acuerdo con tus gustos, con la disponibilidad de tiempo que tengas para leer, con el estado de ánimo que poseas. Ser animador de lectura es lo más difícil de lograr.  14
Durante las entrevistas se apreció un consenso general con respecto a un elemento: el de saber, pese a la información que aportaba la realidad de cada hogar, qué les recomendarían los padres a sus hijos entre conocer una historia determinada a través de un libro, de un programa televisivo o  de la computadora. Todos, absolutamente todos, apostaron por el libro en tanto a través de él “sus hijos pueden crear su propia imagen de lo que están leyendo”, “desarrollan la creatividad, mejoran la ortografía y la dicción”, “amplían el vocabulario”, “se les abren las puertas de la comunicación”, “existe mayor variedad de temas y obras con respecto a la diversidad de películas o juegos electrónicos que existe” y “adquieren más conocimientos y recursos para enfrentarse a la vida”.
El hábito de lectura constituye una práctica muy bien valorada socialmente y estimulada con gran frecuencia a través de los medios de comunicación masiva. Esto representa la causa esencial por la cual todas las familias entrevistadas, independientemente de leer o no leer o de tener hijos lectores o carecer de ellos, defendieron el libro como medio de educación y esparcimiento, por encima de la computadora o la televisión.
El efectivo juego de la creación
A partir de los resultados arrojados por el diagnóstico se desarrollaron talleres de promoción de lectura que se ajustaran a los verdaderos intereses, motivaciones y necesidades de estos niños.
Las sesiones tenían como propósitos fundamentales responder a las demandas insatisfechas de los alumnos, estimularlos en el conocimiento de nuevas obras y autores e integrar las prácticas cognoscitivas y lúdicas.
Entre las actividades implementadas pueden citarse la competencia de trabalenguas propuestos por la investigadora  y fusionados con trabalenguas creados por los propios niños; la recreación plástica de poemas de voces cumbres de la literatura infantil cubana, como Dora Alonso, Mirta Aguirre, David Chericián y Julia Calzadilla; la creación de nuevos finales para una historia de aventuras; la libre adaptación musical de obras del cancionero hispánico infantil acompañadas de las danzas que los niños desearan ejecutar; la recreación literaria a partir de una imagen sugerente; el hallazgo de pistas secretas en un cuento, a saber, palabras en plural o con alguna dificultad ortográfica, operaciones matemáticas, colores, zonas geográficas de Cuba, etc.; la descripción a manera de juego: a partir de la lectura de un cuento del cual se debían ir anotando las características de los personajes principales y el ganador resultaba quien hubiera descubierto más rasgos; la génesis y presentación ante el grupo de adivinanzas propias; la invención de poemas, de temática libre, a partir de determinadas rimas ya establecidas, entre otras.
De las actividades y técnicas implementadas durante los encuentros, una de las que más aceptación tuvo, al extremo de ser solicitada por los niños cada semana, fue la narración oral de cuentos, a partir de los cuales debían crear nuevos finales. Fue realmente asombrosa la absoluta atención que prestaban todos los alumnos, aun los más inquietos, cuando se escuchaba la célebre frase “Había una vez”. Al respecto refirió Eliseo Diego:
Existe un recurso mágico para pacificar al grupo de niños más impetuoso; un recurso sencillo, que no cuesta nada, y que puede ser un gusto para el propio maestro –o mejor, que debe serle un gusto, porque si no lo es, de nada le valdría. Ese recurso, como todo remedio mágico, comienza con un ensalmo: “Había una vez”. No bien lo escuchan, parece como si los niños se volviesen de piedra. ¡Al fin se están tranquilos!
Compárese la actitud mental de quien escucha un cuento con la del que contempla una cinta cinematográfica. Este último no tiene nada que hacer: las imágenes se suceden ante él y no le exigen más que registrarlas. En cambio, ¡qué distinta la situación de quien debe suplir, a cada estímulo sonoro, su propia imagen! Aquí todo es actividad. Incesante movimiento. Al conjuro de la palabra es preciso crear todo un paisaje, las escamas del dragón, la penumbra del castillo, el vuelo del hada y el cucurucho de la bruja, las botas que devoran leguas y el magnífico sombrero de un gato que habla. Nada está dado, todo es posible, naciente, y todo – he aquí lo más importante–  es nuestro.  15
Los talleres  se caracterizaron por la consulta previa, con los niños,  de cada una de las técnicas implementadas, las cuales fueron, a veces, modificadas a partir del criterio de sus beneficiarios. Otro rasgo de las sesiones fue la integración de otras manifestaciones artísticas de gran aceptación entre los estudiantes, como la pintura, la música y la danza.
Al finalizar los encuentros, los talleres eran evaluados por los propios niños a través de  técnicas poco convencionales para ellos como la expresión de sus estados de ánimo, de la calidad del taller o del grado de aceptación de las técnicas aplicadas a través de palabras, gestos, sonidos, sabores, números y colores.
Las constantes manifestaciones de alegría, interés y motivación demostraron que, referido a la animación de la lectura, los recursos materiales son necesarios pero no imprescindibles y que los niños, esos lectores especiales, agradecen notablemente las ideas y acciones que demanden su participación de una manera creativa y original. El aula, el hogar y la biblioteca constituyen las primeras trincheras desde las cuales puede y debe lograrse que los niños hagan de la lectura su compromiso con la vida.
En este sentido Eliseo Diego señaló:
Dentro de la buena literatura la de puro entretenimiento cumple una función esencial: es ella la que hará que los niños le tomen el gusto a la lectura. Si no logramos esto, si no conseguimos que los niños encuentren un placer, y no sólo un deber, en la lectura, habremos perdido la partida de inicio. Jamás tendremos ya la oportunidad de influir sobre ellos para que abran un libro por su propia iniciativa. 16
De modo general los resultados de la investigación señalan que una parte importante de los niños estudiados, aunque saben leer y escribir, no son lectores en el sentido de poseer ya un hábito de lectura creado. No obstante, los talleres demostraron que las estrategias y acciones de promoción bien planificadas que despierten en ellos la creatividad, rompan con la rutina de las actividades escolares diarias y los motiven a expresar sus criterios y emociones resultan muy eficaces como estímulo de la lectura.
En un mundo donde tiene tanto peso la imagen y donde el libro tiene que competir  con poderosas propuestas audiovisuales como la televisión y los videojuegos, es imperiosa la necesidad de publicar textos atractivos no sólo desde el contenido sino, antes que todo, desde el punto de vista visual, más aún cuando los libros cubanos no pueden eludir la competencia que implican los vistosos títulos vendidos por las editoriales extranjeras durante las ferias internacionales anuales. Muchos de estos textos foráneos, aun cuando son más pobres desde el punto de vista del contenido, presentan diseños, colores y materiales de impresión tan llamativos que ganan el favor de la mayoría de los niños, por encima de las publicaciones nacionales.
La familia es o debe ser la responsable de propiciar un acercamiento adecuado a la lectura, antes de que la educación institucional cumpla con su papel disuasorio. Para que realmente la lectura crezca como hábito, los niños deben verla como un acto natural y espontáneo, incorporado en tanto deseo a la vida de sus padres, y no como una orden u obligación que ha de cumplirse en vez de disfrutarse. De poco valen las peticiones o exigencias de los padres acerca de la necesidad de leer si el niño no percibe a su familia leyendo.
La promoción de la lectura funciona mejor cuando atiende las necesidades concretas de públicos concretos, por tanto, las motivaciones y preferencias propias de los niños deben ser respetadas y tomadas en cuenta, aun cuando se pretenda transformarlas desde una perspectiva adulta y profesional. No valen de nada recetas ni fórmulas sobre cómo promocionar un libro o cómo lograr que nuestros hijos sustituyan, de la noche a la mañana, la computadora por un texto impreso. Cada lector demanda estrategias específicas de acuerdo con su edad, sus intereses personales, las influencias del grupo, el contexto socio-cultural, entre otros factores. Saber hallar los caminos por los cuales el libro logre coexistir con las atracciones tecnológicas de la vida contemporánea constituye el mayor reto para las familias y las instituciones escolares y comunitarias de hoy.
La participación real de los niños en técnicas que, tomando en cuenta sus criterios, lograran vincularlos, de manera lúdica, a aristas desconocidas de la literatura, constituyeron piedras angulares en el complejo proceso de convertir el libro en un objeto desde el cual el placer fuera al jinete como el deber al corcel.



Notas
1 Con la excepción de La Edad de Oro que en 1889 logra erigirse como original y precursor proyecto de recreo e instrucción en el panorama de la literatura infantil decimonónica en lengua española, no sólo por la maestría literaria de José Martí sino porque rompe con los modelos que, hasta su aparición, regían  la producción de obras para niños.
2  María Guadalupe Chávez Méndez: “Presencia de libro como medio de comunicación activo en el proceso de construcción cultural del México contemporáneo”, p. 23.
3  Esteban Llorach: “La edición: creatividad que da acceso a la lectura”, p 29.
4  Ídem.
5  María Dolores Duarte: “Promoción de la lectura o formación de lectores”, p 92. 
6 Al cierre de esta investigación se había firmado un convenio entre el Instituto Cubano del Libro y el Poder Popular de Centro Habana para la entrega de un fondo bibliográfico actualizado a las bibliotecas escolares.
7 Entrevista realizada por la autora.
8  Ibídem.
9 Ídem.
10  Entrevista realizada por la autora a la bibliotecaria.
11  Entrevista realizada a Adrián Guerra por la autora.
12  Ibídem.
13  Entrevista realizada por la autora a una madre.
14  Entrevista realizada por la autora a Adrián Guerra.
15  Eliseo Diego: “Los cuentos y la imaginación infantil”, p. 62.
16  Eliseo Diego: “Literatura para niños”, p. 150.
 
 
Referencias bibliográficas

María Guadalupe Chávez Méndez: “Presencia del libro como medio de comunicación activo en el proceso de construcción cultural del México contemporáneo”, Estudios sobre las culturas contemporáneas no. 18, Universidad de Colima, México,  dic, 2003, pp. 9-24.
Eliseo Diego: “Literatura para niños”, Un hondo bosque de sueños. Notas sobre literatura para niños, La Habana, Ediciones Unión, 2008, p. 150.
_________: “Los cuentos y la imaginación infantil”,  ob. cit.,  p. 62.
María Dolores Duarte: “Promoción de la lectura o formación  de lectores”,  El sueño y la luz, Sancti Spíritus, Ediciones Luminaria, 2006,  pp. 77- 103.
Esteban Llorach: “La edición: creatividad que da acceso a  la lectura”, Creadores y públicos del porvenir, La Habana, Casa Editora Abril, 2000, pp. 29-46.
 
 
 
JIMENEZ MARATA, Anette María. Para leer el mundo. El consumo de literatura en los niños cubanos. Revista Eletrônica Boletim do TEMPO, Ano 4, Nº37, Rio, 2009 [ISSN 1981-3384]  
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